¿Qué precisión tiene un GPS y por qué puede variar la ubicación?

¿Qué precisión tiene un GPS y por qué puede variar la ubicación?

Tiempo estimado de lectura: 8 minutos

 

Cuando abrimos un mapa y vemos un punto indicando una ubicación, resulta fácil interpretar ese punto como una posición exacta. En realidad, cualquier sistema GPS trabaja con un pequeño margen de error.

En condiciones favorables, la precisión habitual de un GPS de consumo se mueve en el entorno de unos pocos metros. Como referencia, un smartphone con GPS puede situarse aproximadamente dentro de un radio de 4,9 metros cuando dispone de cielo abierto y buenas condiciones de recepción. Otros receptores modernos pueden ofrecer valores habituales alrededor de 3-5 metros.

Ese margen puede aumentar entre edificios altos, dentro de determinadas construcciones, bajo tierra, cerca de obstáculos o cuando las señales llegan reflejadas.

Por eso, si un localizador muestra el coche unos metros más allá de donde está aparcado, puede estar funcionando correctamente.

El punto del mapa tiene un margen.

Entender de dónde sale ese margen ayuda a interpretar mejor cualquier localización y, sobre todo, a distinguir una variación normal de una ubicación que merece revisarse.

 

¿Qué significa realmente la precisión de un GPS?

La precisión GPS expresa lo cerca que está la posición calculada de la posición real.

Imaginemos un localizador colocado en un vehículo estacionado. Su posición real permanece exactamente en el mismo lugar, pero varias mediciones consecutivas podrían aparecer ligeramente separadas en el mapa.

Una puede caer dos metros hacia un lado. Otra, tres metros hacia otro. En circunstancias menos favorables, la diferencia podría ser mayor.

Esto ocurre porque el receptor calcula su posición utilizando señales que han recorrido miles de kilómetros desde los satélites y cuyo comportamiento puede verse afectado antes de llegar al dispositivo.

GPS y GNSS: una pequeña diferencia que conviene conocer

Aunque utilizamos habitualmente la palabra GPS para hablar de la localización por satélite, técnicamente GPS es uno de los sistemas que forman parte de los GNSS, los sistemas globales de navegación por satélite.

Existen otras constelaciones, como Galileo, GLONASS o BeiDou. Los dispositivos compatibles con varias constelaciones pueden disponer de más satélites para calcular su posición.

Para el usuario, la idea importante es sencilla: cuantos mejores sean los datos disponibles para realizar el cálculo, más posibilidades existen de obtener una ubicación estable.

 

¿Cómo sabe un GPS dónde está?

Cada satélite transmite información que permite al receptor determinar su distancia respecto a él. Midiendo las señales procedentes de varios satélites, el dispositivo puede calcular sus coordenadas.

Aquí el tiempo importa muchísimo.

Las señales de los satélites viajan a la velocidad de la luz. El receptor mide tiempos extraordinariamente pequeños y los utiliza para calcular distancias. Una desviación diminuta en esas mediciones puede convertirse en una diferencia apreciable sobre el terreno.

El proceso requiere señales de varios satélites y una geometría adecuada entre ellos para calcular correctamente la posición.

Muchísima distancia, poquísimo tiempo.

De ahí nace buena parte de la extraordinaria utilidad del GPS y también la razón por la que debemos hablar de precisión en metros en lugar de imaginar un punto matemáticamente perfecto sobre el mapa.

La posición de los satélites también importa

Tener varios satélites disponibles ayuda, pero su distribución en el cielo también influye.

Si los satélites utilizados para el cálculo están bien repartidos, el receptor dispone de mejores referencias geométricas. Si se encuentran agrupados en una zona similar del cielo, la incertidumbre puede aumentar.

Esta relación se expresa mediante indicadores conocidos como DOP (Dilution of Precision). Entre ellos encontramos HDOP para la componente horizontal, VDOP para la vertical y PDOP para la posición tridimensional. Valores DOP más bajos suelen corresponder a una geometría más favorable.

Es una buena muestra de por qué contar satélites por sí solo cuenta una parte de la historia.

 

Entonces, ¿cuántos metros de error tiene un GPS?

Una referencia razonable para comprender un GPS convencional son unos pocos metros en buenas condiciones.

En dispositivos de consumo modernos se encuentran habitualmente referencias alrededor de 3-5 metros de precisión horizontal bajo condiciones favorables. La información oficial del sistema GPS estadounidense sitúa como ejemplo a los smartphones con GPS dentro de un radio aproximado de 4,9 metros bajo cielo abierto.

Son cifras orientativas, porque el receptor, su antena y el entorno cambian el resultado.

También existen equipos especializados capaces de alcanzar precisiones de centímetros mediante receptores de doble frecuencia, sistemas de aumentación y técnicas específicas. Están pensados para aplicaciones profesionales donde unos centímetros pueden ser relevantes.

Para localizar un coche, una moto, una bicicleta u otro objeto, la necesidad es diferente.

La precisión útil depende del uso.

Saber que un vehículo está en una determinada calle o zona suele aportar la información realmente necesaria. La topografía profesional, en cambio, puede exigir conocer una posición con precisión centimétrica.

Precisión horizontal y vertical

La posición sobre un mapa y la altitud tampoco tienen exactamente el mismo nivel de precisión.

La precisión horizontal, relacionada con latitud y longitud, suele ser mejor que la vertical. En receptores de consumo, los errores de altitud pueden superar con mayor facilidad los valores observados sobre el plano horizontal.

Por eso podemos tener una ubicación bastante clara sobre el mapa mientras el dato de altura presenta una variación mayor.

 

¿Por qué a veces el GPS muestra una ubicación incorrecta?

La precisión que obtenemos depende tanto del sistema como del lugar donde se encuentra el receptor. Un GPS situado en una explanada abierta trabaja en un escenario muy diferente al de otro colocado entre edificios.

Estas son algunas de las causas más habituales.

Edificios, árboles y otros obstáculos

El receptor funciona mejor cuando dispone de buena visibilidad del cielo.

Edificios, puentes, vegetación densa y otras estructuras pueden bloquear parcialmente las señales. Los interiores y espacios subterráneos presentan todavía mayores dificultades.

Pensemos en un vehículo entrando en un aparcamiento subterráneo. Los satélites siguen estando ahí, pero las señales tienen muchas más dificultades para alcanzar el receptor.

La ubicación disponible en ese momento debe interpretarse teniendo en cuenta ese contexto.

El efecto multipath o las señales reflejadas

En una calle estrecha rodeada de edificios altos puede aparecer otro fenómeno: el multipath.

La señal procedente del satélite puede rebotar contra fachadas, superficies metálicas, paredes rocosas u otros elementos antes de llegar al receptor. Al recorrer un camino diferente, el cálculo de distancia puede verse alterado.

Este efecto ayuda a explicar por qué la ubicación puede resultar menos estable en los llamados cañones urbanos.

Una plaza abierta ofrece al GPS un cielo despejado. Una calle entre edificios de varias plantas plantea un escenario bastante más complejo.

Atmósfera y condiciones de recepción

La señal atraviesa distintas capas de la atmósfera antes de llegar hasta nosotros. Las condiciones atmosféricas y, especialmente, ionosféricas pueden introducir variaciones en el tiempo que tarda en alcanzar el receptor.

Los sistemas modernos utilizan diferentes métodos para reducir estos errores, pero forman parte de los factores que condicionan la precisión final.

El propio dispositivo

El diseño del receptor y de su antena también influye.

Un equipo profesional destinado a trabajos de medición tiene necesidades muy distintas a las de un smartphone, un reloj o un pequeño localizador. Además, algunos dispositivos pueden combinar varias constelaciones GNSS, frecuencias o sensores para mejorar la continuidad y calidad de la posición.

Por eso resulta poco útil preguntar únicamente cuántos metros de precisión tiene "el GPS" como si todos los equipos fueran iguales.

Hay que mirar el dispositivo, el entorno y el momento.

 

¿Por qué un localizador GPS puede parecer que se mueve aunque esté quieto?

Esta situación sorprende especialmente cuando utilizamos un localizador.

Imaginemos que hemos dejado un vehículo aparcado y consultamos su ubicación varias veces. El punto podría desplazarse ligeramente alrededor de la misma zona aunque el vehículo permanezca inmóvil.

Tiene una explicación bastante sencilla.

Cada cálculo de posición contiene un determinado margen de incertidumbre. Una medición puede situar el receptor un poco al norte de su posición real y la siguiente ligeramente al oeste. Al representarlas sobre un mapa, parece existir un pequeño movimiento.

En registros continuos, estas variaciones pueden incluso producir pequeños zigzags o añadir distancia aparente a una ruta.

El mapa también puede engañar a nuestros ojos

Hay otro detalle fácil de pasar por alto: el nivel de zoom.

Cuando observamos una región completa, cinco metros prácticamente desaparecen. Al ampliar el mapa hasta distinguir edificios, aceras y plazas de aparcamiento, esos mismos cinco metros parecen enormes.

El GPS mantiene el mismo margen. Ha cambiado nuestra escala visual.

También debemos recordar que la posición calculada por el receptor y su representación cartográfica son elementos diferentes. Una pequeña diferencia puede hacer que el icono parezca situado sobre una acera, una parcela contigua o el lado contrario de una calle.

Por eso conviene interpretar una localización dentro de su contexto, especialmente cuando hablamos de diferencias pequeñas.

 

¿Qué precisión necesitamos realmente en un localizador GPS?

La respuesta depende de qué queremos encontrar.

Para seguir la ubicación general de un vehículo, saber si ha llegado a un destino o consultar un recorrido, una precisión de pocos metros puede resultar perfectamente útil.

Si necesitamos determinar exactamente qué plaza ocupa un vehículo dentro de un aparcamiento, el margen natural del posicionamiento por satélite adquiere mucha más importancia.

Y existe otro concepto que conviene separar de la precisión: la frecuencia con la que recibimos una nueva ubicación.

Precisión y actualización son cosas diferentes

Un localizador podría calcular una posición con un margen pequeño y transmitirla con cierta periodicidad. Otro podría enviar posiciones más frecuentemente pero encontrarse temporalmente en peores condiciones de recepción.

Son variables distintas.

La precisión indica cuánto puede desviarse una posición respecto a la real. La frecuencia de actualización indica cada cuánto disponemos de un nuevo dato.

Esta distinción resulta especialmente útil al interpretar el comportamiento de un localizador GPS. Cuando vemos una posición en pantalla, interesa conocer tanto la calidad de esa ubicación como cuándo fue obtenida.

Dónde está y de cuándo es.

Dos datos sencillos que ayudan a leer el mapa con mucha más tranquilidad.

 

Cómo interpretar mejor la ubicación de un localizador GPS

Un localizador resulta mucho más útil cuando sabemos leer correctamente la información que ofrece.

Si observamos una diferencia de pocos metros, conviene valorar primero el entorno. Un vehículo situado entre edificios, bajo una cubierta o cerca de estructuras que dificulten la recepción puede mostrar más variaciones que uno estacionado al aire libre.

También merece la pena fijarse en la hora de la última posición. Una ubicación anterior puede seguir apareciendo en el mapa cuando el dispositivo todavía no dispone de una nueva posición válida o no la ha comunicado.

Y cuando existe una pequeña dispersión alrededor de un mismo lugar, podemos interpretarla como lo que realmente es: varias estimaciones muy próximas de una misma posición.

En Ubicartec entendemos la localización GPS desde esta perspectiva práctica. El valor de un localizador está en hacer sencillo saber dónde está aquello que importa, entendiendo también los pequeños márgenes propios de la tecnología.

Porque una buena experiencia con GPS empieza antes de mirar el mapa: empieza sabiendo qué significa lo que estamos viendo.

¿Se puede conseguir una precisión GPS de centímetros?

Sí. Existen tecnologías y equipos profesionales capaces de alcanzar precisión centimétrica e incluso niveles superiores en determinadas condiciones y metodologías de medición. Los receptores de doble frecuencia y los sistemas de corrección permiten reducir considerablemente algunos errores.

Estas soluciones tienen sentido en topografía, geodesia, agricultura de precisión y otros trabajos especializados.

En localización cotidiana, perseguir centímetros suele aportar poco frente a otros aspectos prácticos: una recepción adecuada, datos comprensibles, una actualización acorde al uso y una plataforma que permita consultar la ubicación con facilidad.

 

La precisión GPS se entiende mejor como un margen 

Cuando vemos nuestra ubicación sobre un mapa, resulta útil imaginar alrededor del punto un pequeño círculo invisible.

En buenas condiciones, ese círculo puede tener apenas unos metros. Cuando aparecen edificios, vegetación, interiores, señales reflejadas o una geometría satelital menos favorable, puede hacerse mayor.

Así funciona la localización por satélite en el mundo real.

Y entenderlo cambia bastante nuestra manera de mirar el mapa. Una desviación pequeña deja de parecer un fallo misterioso y pasa a ser un dato que podemos interpretar.

El GPS lleva décadas ayudándonos a saber dónde estamos, encontrar un destino, reconstruir un camino y localizar vehículos y objetos. Su enorme utilidad convive con márgenes físicos y técnicos perfectamente normales.

La ubicación cobra sentido con contexto.

Conocer esos márgenes permite utilizar un localizador con mayor criterio y entender qué información tenemos delante. Al final, eso es lo que buscamos cuando consultamos una ubicación: saber dónde está y seguir nuestro día con tranquilidad.

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