¿Se puede localizar un objeto o una persona en mitad del mar?

¿Se puede localizar un objeto o una persona en mitad del mar?

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En tierra estamos acostumbrados a abrir un mapa y ver un punto casi al instante. En el mar, la situación cambia. Puede haber decenas o cientos de kilómetros hasta la costa, la cobertura móvil desaparece y una persona, una embarcación o un objeto a la deriva se desplazan continuamente.

Aun así, sí es posible localizar una persona o un objeto en mitad del mar. Existen radiobalizas que envían alertas mediante satélite, dispositivos de localización específicamente diseñados para emergencias marítimas y sistemas capaces de calcular hacia dónde puede haberse desplazado algo que ya no transmite su posición.

La diferencia fundamental está en cómo se obtiene y, sobre todo, cómo se comunica esa ubicación.

Saber dónde estás sirve cuando esa posición puede llegar a alguien.

Por eso, antes de hablar de GPS en el mar conviene separar tres situaciones: un dispositivo que está transmitiendo su posición, una emergencia comunicada mediante una radiobaliza y una búsqueda en la que ya no existe ninguna señal.

 

¿Funciona un localizador GPS en mitad del mar?

Sí, pero con un matiz importante. El GPS puede calcular una posición lejos de la costa porque el dispositivo recibe señales procedentes de satélites. El problema aparece al intentar enviar esas coordenadas.

Un localizador GPS habitual puede combinar dos tecnologías distintas:

  • GNSS/GPS para calcular dónde se encuentra.
  • Una red de comunicaciones para transmitir esa posición a otra persona o a una plataforma.

Un dispositivo que dependa de cobertura móvil puede seguir obteniendo coordenadas GPS mar adentro y, al mismo tiempo, ser incapaz de comunicarlas porque ya no tiene conexión.

Esta distinción explica por qué un pequeño localizador pensado para un coche, una bicicleta o una mochila puede ser muy útil en tierra y resultar inadecuado como sistema de emergencia en alta mar.

GPS y cobertura móvil son cosas diferentes

El teléfono ofrece un buen ejemplo. Puede recibir señales de navegación por satélite aunque se encuentre fuera de cobertura de su operador. Sin una vía de comunicación disponible, sin embargo, tendrá dificultades para enviar esa posición a familiares, servicios de emergencia o una aplicación remota.

Por eso, tener GPS no equivale automáticamente a poder ser localizado a distancia.

Cerca de la costa, un dispositivo con conectividad móvil puede seguir comunicándose mientras tenga cobertura suficiente. Cuanto más nos alejamos, mayor importancia adquieren otros sistemas de comunicación diseñados para trabajar fuera de las redes terrestres.

La comunicación por satélite cambia el escenario

Los dispositivos con comunicación satelital pueden transmitir información sin depender de las antenas de telefonía de la costa. Según el equipo y el servicio utilizado, pueden permitir compartir posiciones, enviar determinados mensajes o emitir avisos.

En una emergencia marítima, además, existen sistemas específicos cuya finalidad es hacer llegar una señal de socorro y facilitar la localización.

Aquí entran en juego las radiobalizas.

 

Radiobalizas: cuando la ubicación tiene que salir del mar 

Las radiobalizas de emergencia están diseñadas para un escenario muy concreto: existe una situación de peligro y hace falta comunicarla desde un entorno donde las comunicaciones habituales pueden resultar insuficientes.

Al activarse, determinados tipos de balizas transmiten una señal de emergencia en 406 MHz que puede ser detectada mediante un sistema internacional de satélites. Las balizas modernas con información de posición GNSS pueden incluir sus coordenadas en la alerta, lo que ayuda a acotar considerablemente la búsqueda.

El sistema procesa la alerta y la hace llegar a los centros responsables de coordinar la respuesta correspondiente.

En el mar, una coordenada comunicada a tiempo vale muchísimo.

Hay varios dispositivos y conviene diferenciarlos.

EPIRB: la radiobaliza asociada a una embarcación

Una EPIRB es una radiobaliza de emergencia utilizada en el ámbito marítimo y asociada normalmente a una embarcación.

Según el modelo y su instalación, puede existir activación manual o mecanismos de liberación y activación automática. Por eso sería impreciso afirmar que todas las EPIRB simplemente entran en contacto con el agua y comienzan a transmitir.

Una vez activada correctamente, su señal permite alertar de una situación de peligro y facilitar la localización.

Su finalidad es muy diferente de la de un localizador GPS de uso cotidiano: está concebida como equipo de emergencia marítima.

PLB: una radiobaliza que acompaña a la persona

Una PLB —Personal Locator Beacon— es una radiobaliza personal. Su tamaño permite llevarla encima durante determinadas actividades y, cuando se activa en una emergencia, transmite una alerta que puede ser recibida por el sistema satelital de búsqueda y salvamento.

Esto resulta especialmente relevante en el mar.

Una embarcación y una persona pueden separarse rápidamente por efecto del viento, las olas y las corrientes. Un equipo que permanece junto a la persona aporta una referencia diferente a otro instalado en el barco.

La elección, colocación y utilización de estos equipos debe hacerse de acuerdo con su diseño, homologación, instrucciones y actividad prevista.

SART y AIS-SART: ayudar a encontrar el punto final

Otros dispositivos cumplen una función distinta durante las operaciones de búsqueda y salvamento.

Un radar SART responde a radares compatibles y genera una indicación característica en su pantalla, ayudando a las unidades de rescate a dirigirse hacia su posición. Los estándares marítimos internacionales contemplan precisamente su utilización para señalar la localización de una unidad en peligro en los radares de las unidades que prestan asistencia.

También existen dispositivos AIS-SART, que transmiten información mediante AIS e incorporan una identidad específica y posición obtenida mediante GNSS.

Son tecnologías distintas, aunque persiguen una misma idea práctica: hacer más pequeño el último tramo de la búsqueda.

 

¿Cómo localizan a alguien cuando se activa una radiobaliza?

Detrás de una señal de emergencia existe una infraestructura internacional preparada para recibirla y trasladar la información a los organismos encargados de coordinar el rescate.

Las radiobalizas compatibles transmiten en la frecuencia internacional de 406 MHz. Los satélites pueden detectar esas emisiones y la información pasa por estaciones terrestres y centros de control hasta alcanzar a los servicios responsables de búsqueda y salvamento.

Cuando la baliza proporciona una posición GNSS, las coordenadas pueden formar parte de la alerta. Cuando esa información no está disponible, el propio sistema dispone de métodos para contribuir a determinar la localización.

A partir de ahí comienza la parte operativa: valorar la emergencia, establecer el área de búsqueda y movilizar los medios adecuados.

En España, las emergencias marítimas pueden movilizar unidades aéreas y marítimas específicamente preparadas para búsqueda y salvamento. Entre los medios disponibles existen helicópteros y aviones destinados, entre otras funciones, a la localización de náufragos y embarcaciones.

Una radiobaliza no es lo mismo que un seguimiento GPS continuo

Esta diferencia es especialmente útil al elegir un dispositivo.

Un sistema de seguimiento GPS puede estar pensado para consultar periódicamente dónde se encuentra un objeto, vehículo o persona. Una radiobaliza de emergencia tiene otro propósito: emitir una alerta de socorro dentro de una infraestructura internacional de búsqueda y salvamento.

También existen comunicadores y dispositivos satelitales con funciones de seguimiento o mensajería.

Cada tecnología resuelve una necesidad diferente. Antes de elegir conviene preguntarse qué queremos conseguir: consultar una ubicación durante una actividad, mantener comunicación fuera de cobertura o disponer de un sistema específico para solicitar auxilio.

 

¿Qué ocurre si la persona o el objeto ya no transmite ninguna señal?

Este es el escenario más complejo.

Imaginemos una embarcación encontrada vacía, una tabla de paddle surf separada de su propietario o una persona cuya última posición conocida corresponde a varias horas atrás.

El punto donde ocurrió el incidente sigue siendo valioso, pero el mar se mueve.

Corrientes, viento, oleaje, tiempo transcurrido y características del elemento buscado modifican progresivamente su posición. Una persona con chaleco, una pequeña embarcación y un objeto parcialmente sumergido pueden derivar de manera diferente bajo unas mismas condiciones.

Los modelos de deriva ayudan a reconstruir el camino

Los equipos especializados pueden trabajar con información oceanográfica y meteorológica para estimar cómo se desplaza algo en el agua.

Estos modelos combinan datos y simulaciones para generar posibles trayectorias y áreas donde resulta razonable concentrar los medios de búsqueda. En España se utilizan herramientas de predicción de deriva alimentadas con información océano-meteorológica para diferentes operaciones marítimas.

No proporcionan una coordenada infalible.

Proporcionan algo muy valioso cuando se ha perdido el contacto: un área de búsqueda fundamentada en cómo se está moviendo el mar.

Por eso es tan importante conocer la última posición con la mayor precisión posible y la hora correspondiente. Cuanto mejor sea esa referencia inicial, mejor información tendrán quienes deban reconstruir el desplazamiento posterior.

 

Radar, cámaras, aviones y drones: cómo se busca dentro de una zona

Una vez delimitada un área probable, comienza otra tarea: detectar físicamente a la persona, embarcación u objeto.

Aquí pueden intervenir medios marítimos y aéreos y diferentes sensores. Ninguno convierte el océano en una pantalla donde todo aparece perfectamente identificado. Cada herramienta aporta información bajo determinadas condiciones.

Radar marítimo

El radar permite detectar determinados blancos y resulta esencial para la navegación y muchas operaciones marítimas.

Su capacidad para localizar un objeto pequeño depende de numerosos factores: tamaño, material, altura sobre el agua, estado de la mar, distancia y características del propio radar.

Una embarcación ofrece un blanco muy diferente de una persona flotando.

Por eso sería demasiado amplio afirmar que el radar puede encontrar cualquier objeto metálico o cualquier persona perdida. En búsqueda y salvamento, su información se combina con otros medios.

Cámaras térmicas y sensores ópticos

Los sistemas electroópticos e infrarrojos instalados en determinadas aeronaves pueden ayudar a observar e identificar objetivos durante una operación.

También tienen límites. La detección térmica de una persona parcialmente sumergida es más difícil que la de una persona sobre tierra firme: queda poca superficie corporal visible y las condiciones atmosféricas y marítimas influyen en la imagen.

La niebla, además, puede degradar significativamente la capacidad de los sistemas infrarrojos. Una cámara térmica aporta una herramienta adicional, pero no garantiza por sí sola localizar a alguien bajo cualquier condición.

Aviones, helicópteros y drones

La observación desde el aire permite explorar superficies que desde una embarcación serían mucho más difíciles de revisar.

Aviones y helicópteros de salvamento pueden incorporar sensores y equipos específicos y seguir patrones de búsqueda establecidos. Los drones también pueden resultar útiles en determinados escenarios, especialmente por su capacidad para observar áreas desde otra perspectiva sin exponer una tripulación.

Su alcance, autonomía y funcionamiento dependen del tipo de aeronave y de las condiciones meteorológicas. Por eso tampoco conviene atribuir de forma genérica a un dron la capacidad de revisar miles de kilómetros cuadrados en poco tiempo.

En una búsqueda real, las tecnologías se complementan.

 

¿Se puede localizar cualquier cosa en el océano?

Aquí aparece el límite más importante.

Un objeto que lleva un dispositivo capaz de transmitir su posición ofrece muchas más posibilidades de seguimiento que otro que simplemente cae al agua.

Si perdemos en alta mar una caja, una mochila o una pieza de una embarcación sin ningún sistema de comunicación, no existe una red que automáticamente conozca sus coordenadas. Puede intentarse localizar a partir de su última posición, deriva estimada, observación aérea, radar u otros sensores, pero la dificultad aumenta rápidamente.

Lo mismo ocurre con una persona.

Disponer de un equipo adecuado puede transformar una búsqueda de una enorme superficie en una búsqueda guiada por una señal o por una última posición mucho más precisa.

¿Serviría un localizador GPS convencional para un barco?

Puede servir para determinados usos, especialmente cuando la embarcación permanece dentro del área de cobertura de la red que utiliza el dispositivo.

Para navegación en alta mar, actividades alejadas de costa o situaciones de emergencia, hay que comprobar algo más importante que la palabra “GPS” de la ficha técnica: cómo transmite el equipo cuando desaparece la cobertura móvil.

Ese criterio ayuda a separar tres familias de productos:

  • Localizadores que calculan la posición mediante GPS/GNSS y la comunican mediante redes móviles.
  • Equipos que utilizan comunicaciones satelitales para determinadas funciones de localización o mensajería.
  • Radiobalizas y dispositivos específicamente destinados a emergencias y búsqueda y salvamento marítimo.

No son intercambiables.

Un localizador GPS de Ubicartec, por ejemplo, debe valorarse según la conectividad concreta del modelo y la cobertura disponible en la zona de navegación. Un equipo basado en red móvil no debe considerarse sustituto de una radiobaliza marítima ni de los equipos de emergencia exigibles o recomendables para la actividad.

La tranquilidad empieza por utilizar cada tecnología para aquello que realmente puede hacer.

 

Localizar en el mar significa mantener un hilo con la posición

El océano parece enorme cuando desaparece una referencia. La tecnología permite conservar muchas de esas referencias: una coordenada GPS, una alerta enviada por satélite, una señal detectada por las unidades de rescate o, cuando ya no existe comunicación, una estimación de deriva basada en la última posición conocida.

Por eso la pregunta más útil antes de salir al mar va más allá de saber si un dispositivo “tiene GPS”.

Conviene saber cómo obtiene la posición, cómo la transmite, qué ocurre cuando desaparece la cobertura móvil y para qué situación ha sido diseñado.

Cerca de costa, un localizador conectado puede ayudar a saber dónde está una embarcación u otro bien mientras exista comunicación. Más lejos, las comunicaciones satelitales y los equipos marítimos específicos adquieren otro protagonismo. Y ante una emergencia, las radiobalizas y los sistemas internacionales de búsqueda y salvamento están diseñados precisamente para mantener ese hilo cuando encontrar un punto en mitad del mar se vuelve difícil.

Cuanto mejor llega la ubicación, menor es la distancia que queda por buscar.

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